miércoles 22 de septiembre de 2010

Los 33 mineros y el rol del Psicólogo

Por Víctor Spinelli

Hace más de 40 días (y vaya a saber uno por cuánto tiempo más) que la noticia de los 33 mineros chilenos atrapados en la mina San José nos tiene al borde del asiento a la hora del noticiero. Uno se imagina lo que debe ser estar atrapado allí abajo, a 700 metros de profundidad, sin ver la luz del sol durante más de un mes, compartiendo todo con las mismas 32 personas, día y noche, sin descanso. Quizás esta sea una visión demasiado apocalíptica de la situación, pero prepara el terreno para la pregunta: Si nosotros, desde aquí afuera, podemos sentir esta suerte de claustrofobia contagiada ¿qué será de ellos, que la viven en carne propia? 
No somos los únicos que nos lo preguntamos. Otros, además de preguntárselo, fueron aun más prudentes y- ante la duda- ofrecieron a la treintena de hombres el apoyo de un equipo de profesionales de la psicología. Estrategia muy acertada, por cierto. Quisiera dejar esto en claro desde ahora: la idea de este artículo no es sentar posición contra la estrategia, de las más acertadas. Se trata de otra cosa, que comentaré en seguida.

Hace algunos pocos días una noticia inesperada salió a la luz: de pronto, los 33 hombres- al unísono-, rechazan la continuidad en la intervención del equipo de psicólogos, ya no quieren contar con su apoyo, ni hablar con ellos: 
"él (el jefe del equipo de los psicólogos, Alberto Iturra) provoca rechazo a todos acá adentro y provoca histeria en todos", dice uno de los mineros a un familiar en una de sus cartas, y agrega: "No me preguntes más cómo me siento, porque en la carta que leí (...) sentí como si te estuvieses asesorando por ese 'doc'".
El mensaje que devolvió la esperanza
Por su parte, los familiares de los hombres atrapados, evalúan que el profesional en cuestión los estaría "presionando" de más a los obreros en sus sesiones de terapia a distancia, versión al parecer confirmada por los mineros.

Todo lo que se puede decir a partir de este material son puras conjeturas, no tenemos realmente más datos. No sabemos qué más dicen los mineros, tampoco sabemos de qué se tratan la presión y la histeria de la que hablan los hombres bajo tierra. Pero esto no me inhabilita- conjeturas de por medio- para introducir algunas hipótesis de mi cosecha- se entiende, son hipótesis, supuestos míos- acerca de algunos puntos espinosos, que hacen a la práctica cotidiana y sobre todo al rol del psicólogo, en tanto consiste en abordar el padecimiento de los sujetos y no en manipular las variables a su gusto, como si se tratara de un experimento de laboratorio.

Podemos- primero- hacernos algunas preguntas: ¿Cuál es la manera más adecuada de abordar la subjetividad, y más aun, cuando el padecimiento se hace manifiesto? ¿Cuáles serían- entonces- las mejores intervenciones que podrían realizar el psicólogo del cual venimos hablando y su equipo con vistas de generar resultados positivos en el ánimo de los mineros? ¿En qué erraron?. Aunque son varias preguntas, considero que una respuesta simple y concreta alcanza para todas: no sé.
Alguno se preguntará sorprendido ¡¿Cómo que no sabe, no era profesional, para qué estudió?! Por lo que me apresuro a agregar: no sé, porque- como dije anteriormente- se trata de abordar el padecimiento de los sujetos. A esto se sigue que si hablamos de sujetos, hablamos de casos singulares, únicos cada uno de ellos en su especie. Es una manera complicada de decir que cuando abordamos la subjetividad, no existe una Guía T que nos diga qué hacer, o qué es mejor, o qué es peor para ese o este sujeto: eso se nos va revelando en la medida que obtenemos información de ese sujeto que nos habla sobre lo que le pasa, sobre como se siente, qué piensa, qué hace, que hizo, que deja de hacer, en defnitiva: despliega su historia frente a nuestros oídos. Y digo oídos y no ojos, porque nuestra principal responsabilidad reside en escuchar. No se trata de oir, en el sentido de oir sonidos que salen de la boca de otro meramente, sino en poder ubicar un tipo particular de escucha, una escucha cuidadosa, delicada y presta  a captar el detalle que hace a ese sujeto ese y no otro. Sólo cuando hemos escuchado bastante, y sobre todo cuando hemos escuchado cosas que se repiten aunque no se digan de la misma manera, tenemos el derecho, pero sobre todo la posibilidad, de intervenir de manera eficaz, es decir: sin decir cualquier cosa, porque se nos ocurre. Recordemos de paso aquella crítica que se nos hace a los Psicólogos... no, voy a ser justo: a los que, además de Psicólogos, somos Psicoanalistas: que pasamos largos ratos callados. Bueno, vean que esto en realidad tiene su justificación, una justificación metodológica, no es de caprichosos que somos, ni porque no se nos cae una idea. No. Es porque para poder escuchar a otro, es preciso primero poder callar uno.

Y les voy a hacer una confesión: lo más complicado no es escuchar; lo más complicado es más bien saber uno cerrar el pico, dado que sino la propia voz es molesta, y no permite escuchar a quien- delante nuestro- acepta, en determinado momento, abrir sin censura sus más profundas heridas, una y otra vez. Pero esto de "saber callar", no quiere decir únicamente "no emitir sonido", como "escuchar" no es tan sólo "permitir que los sonidos lleguen a nuestros oídos". Saber callar implica eso y algunas cosas más: saber callar implica también saber cuándo hablar y cuándo no; implica correr de la escena pensamientos, situaciones, sensaciones propias, pero ajenas al sujeto (paciente) que intentamos escuchar, entre otras cosa, pero sobre todo implica poder reconocer que cada sujeto tiene un reloj propio, eso que se dice: que cada uno tiene sus tiempos. En efecto, tanto la experiencia como el estudio nos enseña a reconocer en el discurso el tiempo del sujeto, y a intervenir según ese tiempo, y no en pro de nuestro capricho o de nuestras suposiciones morales acerca de una determinada visión del mundo o un deber ser o deber hacer ideales e iguales para todos, según nuestra perspectiva de las cosas.

Todos estos comportamientos deseables forman parte de lo que las normativas para el ejercicio profesional agrupan en el apartado Neutralidad y Abstinencia: lo primero- neutralidad- quiere decir: ser imparciales, no volcarse hacia nada en especial, dado que volcar la atención hacia determinado material tenderíamos a quitar la atención del resto, y por consiguiente, a la posibilidad de perdernos algo importante para el sujeto. Mientras que abstinencia, es refrenarse, saber callarse, saber diferenciar y sacar del camino presupuestos, prejuicios e ideas propias que puedan obstaculizar la escucha. Es para poder cumplir con estos dos principios fundamentales- en parte- que los Psicoanalistas damos tanta importancia a la terapia propia, donde intentamos resolver nuestras vueltas. Porque la cuestión es esta: en el consultorio, no somos personas: somos Psicoanalistas, y debemos actuar como tales: siendo responsables.
Debemos resignarnos. Por más que nos pese, tratamos con sujetos que padecen, no con objetos experimentales. No nos es posible manipular objetos a nuestro gusto y necesidad, en la medida que quien nos consulta es un sujeto que tiene los suyos, y recurre a nosotros para que le prestemos la mayor de las atenciones, y podamos reconocer en lo que les ocurre aquello que ellos están- por el padecimiento mismo- imposibilitados para ubicar.

Volvemos entonces al principio, al caso de los mineros: ¿Qué pasó con ese Psicólogo que al parecer los presionaba? Independientemente de qué quiera decir esto, nos atendremos a un hecho: ya no quieren hablar con él, rechazan su presencia. En el principio dije también que iba a introducir hipótesis propias, supuestas posibles explicaciones. Para hacer eso voy a aludir a lo arriba tratado. Aclarado esto, digo entonces que, si los mineros se sienten presionados y especialmente irritados con este profesional, Alberto Irruta, esto quizás se deba a que él y su equipo no hayan respetado la singularidad- y por lo tanto los tiempos- de los sujetos con quienes y a quienes debían tratar, esto es: no los han sabido escuchar... o al menos no del todo bien. No parece una hipótesis descabellada la de la dificultad para la escucha, si prestamos atención a lo que este profesional refiere luego de evaluar él mismo la situación:

afirma que la situación mental de los trabajadores se ha estabilizado y destaca su buena predisposición para participar en las actividades que el equipo de profesionales les propone.

Eso..., dadas las circunstancias, eso sí que es descabellado.

5 comentarios:

  1. la verdad q es una lectura de la realidad muy objetiva!! ojala sigas escribiendo tan bien... exitos!!!

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  2. ¿Según convenga los psicoanalistas cambian de opinión? Cuando uno no quiere seguir, el psicólogo insiste con que eso se llama "resistencia" y dicen que cuando son rechazados "empieza realmente la terapia"... lo he escuchado cientos de veces. Ahora lo que usted dice es bien distinto: que el profesional no supo escuchar, es decir, no es bueno (también lo he escuchado cientos de veces) ¿Le parece que el equipo que se está ocupando de una situación tan delicada eligiera a alguien que no está capacitado para llevar adelante su labor? ¿Si se tratara de usted como profesional, no estaría hablando de "resistencia" y que la terapia debe seguir?

    Hay que moderar las aseveraciones "de propia cosecha" cuando se tiene poca información y se está hablando del trabajo de otros profesionales y la salud de otras personas.
    Honestamente, la liviandad con que publica sus opiniones deja bastante que desear de usted como profesional. Es, al menos, irresponsable.
    Con todo respeto.

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  3. ¿por qué sería mi comentario un cambio de opinión?
    No sé si le sonará la frase "la resistencia es siempre resistencia del analista"... Por lo demás, no conozco siquiera la orientación del profesional del caso, con lo cual, es un comentario que no va en contra de ninguna posición en particular.No todo es "resistencia", y en caso de que lo fuere, uno no es quién para decidir sobre el destino de nadie más, con lo cual puede haber mucha resistencia, pero eso no implica obligar a nadie a nada, ni siquiera a sostener su propio tratamiento.
    Como profesional he tenido también mis dificultades para escuchar, y por suerte esas ocasiones no me han dejado más que aprendizajes, pero sobre todo, más prudencia en escuchas futuras.

    Por lo demás, opinión es algo enteramente separado de ética, y soy completamente consciente de ello, sobre todo al poner en el artículo (asumo que lo habrá leído cuidadosamente antes de comentar), decía, sobre todo al poner, aclarar repetidamente en el escrito que se trata de hipótesis propias... y como hipótesis, no se trata más que de suposiciones sin demostración alguna. La moderación está hecha desde el momento que uno dice que son sólo de propia cosecha... lo cual no demuestra absolutamente nada. Ojalá mis comentarios sean completamente errados.

    Asumiendo que se trata del mismo Anónimo de siempre (y si no es así, por favor identifíquese, que me cuesta mucho tomar este tipo de comentarios como viniendo de gente que se hace responsable por ellos al no identificarse), entonces, asumiendo que es el mismo Anónimo de siempre (una hipótesis indemostrada por el momento, como ve), no voy a dejar de marcarle la profunda confusión que suele manifestar entre ética y moral, responsabilidad y atención a la regla, deseo y anhelo, lugar del analista y persona del analista, y más que en realidad son más de lo mismo.
    En caso de que me equivoque y no sea Ud. el mismo Anónimo de siempre, la cosa me preocupa más aun, dado que veo reproducirse una confusión fatal para la práctica... O no, dado que tengo entendido que en otras orientaciones no suele prestarse mucha atención a estas diferencias.
    De todas maneras, mientras que sus pacientes estén contentos con lo que Ud. les ofrece, también me contento yo.

    Por suerte, considero que el debate no puede hacer más que abrir nuevos horizontes y perspectivas en el abordaje de las cosas.

    Saludos!

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  4. No sé quien es el Anónimo al que se refiere, pero no me gusta su tono para dirigirse a mí. Quizás esté un poco paranoico, o por lo menos denota cierta agresividad en su respuesta.

    Entré por segunda vez a su blog y desde mi experiencia me animé a comentar algunas apreciaciones acerca de las diferentes posturas que toman los psicoterapeutas especialmente cuando se trata de la "resistencia" al análisis.

    Por otra parte, lejos de la moral o la ética, dí mi humilde opinión acerca de aventurar hipótesis en un ámbito público (éste) sobre temas de los cuales no se cuenta con elementos suficientes, ya que usted es un profesional que ostenta un título. Me parece poco pertinente ya que en este caso usted se refiere a la labor de otros profesionales y la salud de personas que desconoce. Y si no me equivoco no es la primera vez.

    Por otro lado, los lectores no necesariamente pueden conocer la diferencia entre hipótesis y casos de estudio, y podrían tomar sus livianas apreciaciones como verdades, ya que usted se identifica como Licenciado - Psicólogo en este blog. ¿No se puso a pensar si por ese motivo lo que usted expone aquí fuera divulgado como una "opinión experta" en otro ámbito, sin el contexto o las aclaraciones necesarias?

    Nada más pretendí sugerirle cuestiones de cautela profesional.
    Pero no se preocupe, en su respuesta está implícito que no desea que se lo cuestione y así lo haré. Su matrícula no es algo de mi incumbencia.

    Le deseo lo mejor a sus posibles pacientes...

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  5. Disculpe, tiene Ud. toda la razón del mundo.
    Por desgracia, a pesar de que el tono de mi mensaje no es distinto al del suyo (por cierto, mi respuesta es también una humilde opinión), olvidé aclarar al final de dije, fue "Con todo respeto".

    Por lo demás, quizás no sea lo más adecuado subestimar a la gente que lee este blog. La gente suele ser bastante más inteligente y despierta de lo que algunos creen.
    Quien haga una lectura cuidadosa (y estoy seguro de que todos la hacen... es otro supuesto propio, eso esta claro ¿no?)podrá entender sin problemas cuando hablo de "hipótesis propias" y luego aclaro que se trata de "supuestos propios" y "supuestas posibles explicaciones", de qué va la cosa.
    Luego, de una lectura poco cuidada, no puedo ser yo el responsable.

    Espero poder seguir disfrutando de sus comentarios incisivos.

    Saludos cordiales!

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