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| "Edipo y la Esfinge", de Gustave Moreau (1864) |
Por Víctor Spinelli
No puedo pasar por alto una noticia que salió el día lunes 26 de julio por todos los medios de comunicación (que la pueden leer aquí): se trata de Jorge, un joven homosexual mexicano a quien su propia madre ofreció el vientre para alojar a su primogénito- al hijo de su hijo, su propio nieto-, concebido por la ciencia, por medio de fertilidad asistida. Al parecer- además del amor parental-, los padres del muchacho justifican la situación como una suerte de devolución de favores: hace algunos años el muchacho donó un riñón a su padre, salvándole la vida. Luego volveré a la noticia.
Independientemente de la profundidad de entendimiento o conocimiento que se tenga sobre una materia determinada- sobre todo aquellas que cambian el curso de la historia- suele ocurrir que sus aportes más importantes terminen por instalarse con el tiempo como una perspectiva más de la cultura general. Y si hay algo que no se le puede negar al Psicoanálisis es su estatus de disciplina revolucionaria: si bien Sigmund Freud tomó como punto de partida ideas de su época, con un fuerte apoyo en las teorías biológicistas de la psiquiatría del Siglo XIX, el desarrollo de sus conceptos fue mucho más allá, rompiendo- y en muchos casos desfenestrando por completo- con algunas de las teorías que más y mejor instaladas se encontraban.
No puedo pasar por alto una noticia que salió el día lunes 26 de julio por todos los medios de comunicación (que la pueden leer aquí): se trata de Jorge, un joven homosexual mexicano a quien su propia madre ofreció el vientre para alojar a su primogénito- al hijo de su hijo, su propio nieto-, concebido por la ciencia, por medio de fertilidad asistida. Al parecer- además del amor parental-, los padres del muchacho justifican la situación como una suerte de devolución de favores: hace algunos años el muchacho donó un riñón a su padre, salvándole la vida. Luego volveré a la noticia.
Independientemente de la profundidad de entendimiento o conocimiento que se tenga sobre una materia determinada- sobre todo aquellas que cambian el curso de la historia- suele ocurrir que sus aportes más importantes terminen por instalarse con el tiempo como una perspectiva más de la cultura general. Y si hay algo que no se le puede negar al Psicoanálisis es su estatus de disciplina revolucionaria: si bien Sigmund Freud tomó como punto de partida ideas de su época, con un fuerte apoyo en las teorías biológicistas de la psiquiatría del Siglo XIX, el desarrollo de sus conceptos fue mucho más allá, rompiendo- y en muchos casos desfenestrando por completo- con algunas de las teorías que más y mejor instaladas se encontraban.
Uno de los grandes aportes del Psicoanálisis que se utiliza en la actualidad a diestra y siniestra en el discurso cotidiano ha sido lo que Freud llamó Complejo de Edipo: de ahí que en alguna charla trivial sobre alguien demasiado apegado a alguno de sus progenitores aparezca un comentario (al parecer obligado) del estilo: "Carlitos tiene un complejo de Edipo de aquellos...". Y quizás la idea no sea tan errada, pero es necesario apuntar que el bien llamado Complejo no es tan simple, e implica muchas cuestiones. La primera de estas cuestiones es su estatus mítico: en efecto, Freud se apoya en un antiguo mito griego, versado por Sófocles en una compleja trilogía trágica: Edipo Rey, Antígona y Edipo en Colono, aunque sobre todo en la primera, Edipo Rey. Intentaré ser escueto. Veamos de qué se trata:
Layo- rey te Tebas- consulta al oráculo de Delfos, preocupado por el futuro de su sangre, dado que él y su esposa Yocasta aun no habían concebido hijos. El oráculo le responde que debería sentirse afortunado: de tener un hijo, este le daría muerte. A partir de este momento Layo hará lo imposible por no unirse con su esposa, aunque esta finalmente lo logrará al embriagarlo. Nace entonces el primogénito, que será rapidamente abandonado por Layo en el monte Citerón, con los pies agujereados con un clavo y atados, esperando esquivar así su nefasto destino.
Sin embargo, el niño será encontrado por un pastor que al ver el estado de sus pies lo nombrará Edipo (pies hinchados, en griego antiguo) y lo entregará a Pólibo, rey de Corinto quien lo cría amorosamente junto a su esposa Peribea.
Siendo ya adulto, a Edipo le es revelado que es hijo adoptivo, aunque la reina Peribea se lo niega rotundamente. Ante tal confusión y preocupado por su porvenir Edipo consulta a la Pitia (la pitonisa, oráculo) quien repite la predicción que había obtenido Layo en Delfos: "Matarás a tu padre y te casarás con tu madre". Horrorizado Edipo decide dejar para siempre Corinto, creyendo que al alejarse de sus padres podrá evadir el terrible designio.
Es en su escape que se cumplirá la primera parte de la profesía: En el camino que lleva a Delfos, Edipo (que caminaba a pie) tropieza con el carro de Layo, quien se dirigía al oráculo para consultar cómo librarse de la Esfinge, un terrible ser que presentaba acertijos a los viajeros, devorando a quien no supiera responder. Por órden del rey, el auriga (esclavo designado para conducir el carro) ordena de manera arrogante a Edipo que se aparte, atropellándolo. Enfurecido, Edipo lo ataca, dándole muerte. Los caballos se desbocan y el rey Layo, enredado entre las riendas, cae al suelo y es arrastrado por el carro, muriendo él también. Sin saberlo, Edipo acaba de asesinar a su padre.
Ya en las puertas de Tebas la Esfinge hace su aparición, presentando un acertijo que Edipo resuelve, liberando así a la ciudad del terrible monstruo. El joven es recibido entonces en la ciudad como héroe, por haber liberado a Tebas de aquel monstruo que la oprimía, e ignorando que la reina Yocasta fuese su madre, Edipo la desposa y tienen cuatro hijos: Eteocles, Policines, Antígona e Ismene. Finalmente, la profesía completa estaba cumplida.
Algunos años después la peste azota a Tebas. Tiresias, el adivino más célebre de Grecia anuncia que las condiciones no mejorarán hasta que expulsaran a quien fuera el asesino de Layo. Edipo, ignorando que se trataba de él mismo, maldice brutalmente al asesino, pero conforme Tiresias agrega detalles de la historia, el joven rey termina por comprender toda la verdad, y el trágico final se avecina: Yocasta, madre y esposa de Edipo se ahorca al no poder soportar la vergüenza. Edipo, por su parte, carcomido por el remordimiento, se quita los ojos y pide a Creonte- su cuñádo, hermano de Yocasta, y futuro rey de Tebas- que lo destierre. Ahora andará errante por Grecia, hasta que en Colono encontrará la muerte en batalla con las Furias, criaturas mitológicas que vigilaban las puertas del inframundo, castigando a aquellos cuyos crímenes no fueron expiados en el mundo de los mortales. Hasta aquí el mito de Edipo.

Pensemos ahora en el invento de Freud: El Complejo de Edipo. En líneas generales, es definido como el deseo inconsciente (repito: inconsciente) de mantener relaciones sexuales con el progenitor del sexo opuesto (incesto, el varoncito con la madre, la mujercita con su padre) y de eliminar al padre de su mismo sexo (parricidio). Por otra parte, Freud describe otra constelación diversa en la que se puede presentar el conflicto: es el Complejo de Edipo Negativo, donde el deseo insconsciente de mantener relaciones incestuosas se dirige al padre el mismo sexo y la rivalidad y rechazo al del sexo opuesto. De las principales fases del desarrollo psicosexual del niño ubicadas por Freud (que en otro momento profundizaré), el Complejo edípico coincide con la tercera (fase fálica), aproximadamente entre los 3 y 6 años de edad, culminando en un periodo que llamará de latencia, algo así como de pausa. Finalmente, la última fase (fase genital, donde el placer genital toma primacía) advendrá con la pubertad, momento en que el Complejo de Edipo se revivirá, declinando con la elección de objeto (sexual) y dando paso a la sexualidad adulta.
Es importante aclarar que cuando en psicoanálisis hablamos de sexualidad infantil, no hablamos de sexo, del sexo tal cual lo conocemos los adultos, sino más bien de cualquier actividad que genere cierto placer en el cuerpo. De allí el clásico ejemplo del chupeteo: el chuparse el dedo genera al niño cierto tipo de placer en la zona de su boca (fase oral). Muy distinto es hablar del placer sexual a partir de la etapa genital, donde comienza a aparecer algo del placer sexual adulto, del tener relaciones sexuales con otra persona. Pero, en líneas generales, creo que la similitud entre el mito griego de Edipo y lo que Freud bautizó Complejo de Edipo o también Conflicto edípico resulta ahora más clara: la relación incestuosa con el padre del sexo opuesto, y la eliminación del padre de su mismo sexo. Claro que existen diferencias, que hacen al desenlace trágico del mito de Edipo: que él no sabía, y que efectivamente todo aquello ocurrió. Mientras que en el caso del Complejo descubierto por Freud se trata del deseo de que ocurra. En cuanto al no saber de Edipo, Freud lo reemplaza por lo inconsciente del deseo: lo que no se sabe es el deseo, que ese deseo incestuoso y parricida efectivamente existe.
Retengamos entonces que:
1- El Complejo de Edipo se define como el deseo inconsciente de mantener relaciones sexuales incestuosas con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre de su mismo sexo (parricidio). Se da entre los 3 y 6 años, para entrar luego y hasta la pubertad en un periodo de latencia, de pausa.
2- Los cambios de la pubertad (desde los 10 u 11 años) sumados a la posibilidad biológica real de reproducirse sexualmente, reavivan el conflicto y junto a la primacía del placer genital allanan el camino hacia la elección de objeto sexual (hetero u homosexual) y la salida a la sexualidad adulta.
3- Ahora bien: la elección de objeto sexual definitiva, si bien comenzará a manifestarse a partir de la pubertad, ya está determinada desde que el niño entra en periodo de latencia: la salida del Complejo de Edipo sentará las bases para la sexuación, para la elección de objeto sexual. Para esta salida es fundamental la función de la Ley, de la prohibición. En otro artículo hablaré de esto concretamente; por ahora retengamos que la función de Ley del Padre será lo que determinará el tipo de salida del Complejo: el niño puede identificarse, querer ser como el progenitor del mismo sexo (su padre, por ejemplo) al que odiaba, dado que siendo como él podría tener relaciones con alguien como su madre. También podría identificarse a su progenitor del sexo opuesto y buscar partenaires de su mismo sexo. Pero en cualquier caso es fundamental que la prohibición de cumplir con los deseos incestuosos y parricidas venga a actuar como Ley social, para desplazar esos deseos al exterior de la pareja parental; es decir: que en su adultez el sujeto busque partenaire fuera de su familia.
Intentaré aplicar estas cuestiones teóricas a la práctica. Algunas cuestiones pueden resultar extrañas al principio, por lo que pido al lector que intente captar la lógica de la interpretación, no sólo el contenido.
Recordemos: un joven homosexual mexicano de 31 años a quien su madre le ofreció el vientre para alojar a su futuro hijo- futuro nieto de la mujer-, concebido por medio de fertilización asistida. Finalmente, la mujer considera estar haciendo una devolución de favores a su hijo, quien hace algunos años salvó la vida de su padre al donarle un riñón.
Rapidamente podemos ubicar entonces a la madre del joven en el lugar que ocupara Yocasta en el mito de Edipo: será madre y abuela del hijo de su hijo.
De su padre es cierto que no podemos decir ni que el joven lo haya matado ni asegurar que desee hacerlo. Lo que sí podemos decir es que la vida de su padre ha estado en sus manos (recordemos que la salvó al donarle un riñón). También podemos aventurar una hipótesis: que, al menos simbólicamente, este padre, como padre, como Ley deja mucho que desear: es un padre muerto ¿En qué me apoyo para tomar semejante riesgo? Más arriba hablé de la prohibición como fundamental para la salida exogámica, para la búsqueda de partenaire fuera de la pareja, y voy a agregar algo: que la Ley debe funcionar tanto en un sentido como en otro: por una parte, el hijo entenderá que sus padres no pueden ser sus objetos sexuales... pero los padres, por su parte, deben entenderlo también. En este caso, su padre además cede la madre al hijo: No sólo no hace Ley prohibiendo que el muchacho tenga un hijo de su madre, sino que además la cede como devolución de favores. En este sentido, un progenitor que no funcione como Ley puede ser un papá, un viejo, un 'pa', pero como Padre (función Padre) está, al menos, muerto.
Entendamos que se trata de un nivel simbólico, inconsciente. No hablamos ni de la voluntad ni del pensamiento, sino de un nivel donde cierto acomodamiento de las cosas, de las personas y de las funciones pueden asimilarse a estructuras de niveles mucho más profundos. Digamos que hablamos de metáforas.
Es cierto también que es un joven de 31 años, no un niño de 3 a 6 . Y dada su orientación sexual definida (homosexualidad), podemos suponer que en la pubertad esta elección terminó de manifestarse. De sus prácticas sexuales no sabemos nada, por lo cual no podemos hablar de una sexualidad adulta o no, pero tampoco es el objetivo de esta nota. Esta situación es completamente actual, y está lejos de aquellos años donde lo actual era el tránsito por la fase fálica y el Complejo de Edipo. Eso fue hace tiempo. Pero también es cierto que esta situación y su posterior análisis (uno de los tantos posibles) nos puede estar dando una idea bastante cercana de cómo se configuraron en ese entonces niño las estructuras que darán lugar a lo que aquí comentamos. Quiero decir que a pesar de su actualidad, la situación hoy comentada bien podría tratarse de una fiel repetición de lo que ocurrió en aquellos años infantiles: el deseo sexual incestuoso, el padre muerto que evitando prohibir, cede su mujer a un hijo deseoso que a su vez quedará cautivo del deseo de su madre (tampoco es casual que sea homosexual, y qué, como su madre, desee a un hombre).
Como decía anteriormente, el joven no ha tenido relaciones con su madre para tener un hijo con ella (o al menos no tenemos noticia de ello)- de hecho, ha intervenido la ciencia-. El tampoco ha matado a su padre. Lo que sí podemos suponer es que a nivel inconsciente la profesía del oráculo está representada punto por punto: Por una parte su Padre en efecto, parece un muerto (por otra parte, quizás esté efectivamente muerto, ya que en las diversas fuentes que vi la noticia no se habla de él más que para recordar el transplante años antes) , mientras que a pesar de no haber tenido relaciones sexuales, con su madre, este joven está a pocos meses de tener efectivamente un hijo de(con) su madre. Y tal como le ocurriera a Edipo, de todo esto, él no se ha enterado.
Para no extenderme más me gustaría plantear una pregunta, sobre algo que ya dejé vislumbrar, pero que me permití dejar abierto.
En la noticia leemos que al principio Jorge se resistía a la propuesta, pero que su madre insistió hasta convencerlo. El extracto dice así:
Hasta la próxima.
Layo- rey te Tebas- consulta al oráculo de Delfos, preocupado por el futuro de su sangre, dado que él y su esposa Yocasta aun no habían concebido hijos. El oráculo le responde que debería sentirse afortunado: de tener un hijo, este le daría muerte. A partir de este momento Layo hará lo imposible por no unirse con su esposa, aunque esta finalmente lo logrará al embriagarlo. Nace entonces el primogénito, que será rapidamente abandonado por Layo en el monte Citerón, con los pies agujereados con un clavo y atados, esperando esquivar así su nefasto destino.
Sin embargo, el niño será encontrado por un pastor que al ver el estado de sus pies lo nombrará Edipo (pies hinchados, en griego antiguo) y lo entregará a Pólibo, rey de Corinto quien lo cría amorosamente junto a su esposa Peribea.
Siendo ya adulto, a Edipo le es revelado que es hijo adoptivo, aunque la reina Peribea se lo niega rotundamente. Ante tal confusión y preocupado por su porvenir Edipo consulta a la Pitia (la pitonisa, oráculo) quien repite la predicción que había obtenido Layo en Delfos: "Matarás a tu padre y te casarás con tu madre". Horrorizado Edipo decide dejar para siempre Corinto, creyendo que al alejarse de sus padres podrá evadir el terrible designio.
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| El Oráculo de Delfos, declarado Patrimonio de la humanidad |
Ya en las puertas de Tebas la Esfinge hace su aparición, presentando un acertijo que Edipo resuelve, liberando así a la ciudad del terrible monstruo. El joven es recibido entonces en la ciudad como héroe, por haber liberado a Tebas de aquel monstruo que la oprimía, e ignorando que la reina Yocasta fuese su madre, Edipo la desposa y tienen cuatro hijos: Eteocles, Policines, Antígona e Ismene. Finalmente, la profesía completa estaba cumplida.
Algunos años después la peste azota a Tebas. Tiresias, el adivino más célebre de Grecia anuncia que las condiciones no mejorarán hasta que expulsaran a quien fuera el asesino de Layo. Edipo, ignorando que se trataba de él mismo, maldice brutalmente al asesino, pero conforme Tiresias agrega detalles de la historia, el joven rey termina por comprender toda la verdad, y el trágico final se avecina: Yocasta, madre y esposa de Edipo se ahorca al no poder soportar la vergüenza. Edipo, por su parte, carcomido por el remordimiento, se quita los ojos y pide a Creonte- su cuñádo, hermano de Yocasta, y futuro rey de Tebas- que lo destierre. Ahora andará errante por Grecia, hasta que en Colono encontrará la muerte en batalla con las Furias, criaturas mitológicas que vigilaban las puertas del inframundo, castigando a aquellos cuyos crímenes no fueron expiados en el mundo de los mortales. Hasta aquí el mito de Edipo.

Pensemos ahora en el invento de Freud: El Complejo de Edipo. En líneas generales, es definido como el deseo inconsciente (repito: inconsciente) de mantener relaciones sexuales con el progenitor del sexo opuesto (incesto, el varoncito con la madre, la mujercita con su padre) y de eliminar al padre de su mismo sexo (parricidio). Por otra parte, Freud describe otra constelación diversa en la que se puede presentar el conflicto: es el Complejo de Edipo Negativo, donde el deseo insconsciente de mantener relaciones incestuosas se dirige al padre el mismo sexo y la rivalidad y rechazo al del sexo opuesto. De las principales fases del desarrollo psicosexual del niño ubicadas por Freud (que en otro momento profundizaré), el Complejo edípico coincide con la tercera (fase fálica), aproximadamente entre los 3 y 6 años de edad, culminando en un periodo que llamará de latencia, algo así como de pausa. Finalmente, la última fase (fase genital, donde el placer genital toma primacía) advendrá con la pubertad, momento en que el Complejo de Edipo se revivirá, declinando con la elección de objeto (sexual) y dando paso a la sexualidad adulta.
Es importante aclarar que cuando en psicoanálisis hablamos de sexualidad infantil, no hablamos de sexo, del sexo tal cual lo conocemos los adultos, sino más bien de cualquier actividad que genere cierto placer en el cuerpo. De allí el clásico ejemplo del chupeteo: el chuparse el dedo genera al niño cierto tipo de placer en la zona de su boca (fase oral). Muy distinto es hablar del placer sexual a partir de la etapa genital, donde comienza a aparecer algo del placer sexual adulto, del tener relaciones sexuales con otra persona. Pero, en líneas generales, creo que la similitud entre el mito griego de Edipo y lo que Freud bautizó Complejo de Edipo o también Conflicto edípico resulta ahora más clara: la relación incestuosa con el padre del sexo opuesto, y la eliminación del padre de su mismo sexo. Claro que existen diferencias, que hacen al desenlace trágico del mito de Edipo: que él no sabía, y que efectivamente todo aquello ocurrió. Mientras que en el caso del Complejo descubierto por Freud se trata del deseo de que ocurra. En cuanto al no saber de Edipo, Freud lo reemplaza por lo inconsciente del deseo: lo que no se sabe es el deseo, que ese deseo incestuoso y parricida efectivamente existe.
Retengamos entonces que:
1- El Complejo de Edipo se define como el deseo inconsciente de mantener relaciones sexuales incestuosas con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre de su mismo sexo (parricidio). Se da entre los 3 y 6 años, para entrar luego y hasta la pubertad en un periodo de latencia, de pausa.
2- Los cambios de la pubertad (desde los 10 u 11 años) sumados a la posibilidad biológica real de reproducirse sexualmente, reavivan el conflicto y junto a la primacía del placer genital allanan el camino hacia la elección de objeto sexual (hetero u homosexual) y la salida a la sexualidad adulta.
3- Ahora bien: la elección de objeto sexual definitiva, si bien comenzará a manifestarse a partir de la pubertad, ya está determinada desde que el niño entra en periodo de latencia: la salida del Complejo de Edipo sentará las bases para la sexuación, para la elección de objeto sexual. Para esta salida es fundamental la función de la Ley, de la prohibición. En otro artículo hablaré de esto concretamente; por ahora retengamos que la función de Ley del Padre será lo que determinará el tipo de salida del Complejo: el niño puede identificarse, querer ser como el progenitor del mismo sexo (su padre, por ejemplo) al que odiaba, dado que siendo como él podría tener relaciones con alguien como su madre. También podría identificarse a su progenitor del sexo opuesto y buscar partenaires de su mismo sexo. Pero en cualquier caso es fundamental que la prohibición de cumplir con los deseos incestuosos y parricidas venga a actuar como Ley social, para desplazar esos deseos al exterior de la pareja parental; es decir: que en su adultez el sujeto busque partenaire fuera de su familia.
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| Según dicen, la madre-abuela embarazada |
Recordemos: un joven homosexual mexicano de 31 años a quien su madre le ofreció el vientre para alojar a su futuro hijo- futuro nieto de la mujer-, concebido por medio de fertilización asistida. Finalmente, la mujer considera estar haciendo una devolución de favores a su hijo, quien hace algunos años salvó la vida de su padre al donarle un riñón.
Rapidamente podemos ubicar entonces a la madre del joven en el lugar que ocupara Yocasta en el mito de Edipo: será madre y abuela del hijo de su hijo.
De su padre es cierto que no podemos decir ni que el joven lo haya matado ni asegurar que desee hacerlo. Lo que sí podemos decir es que la vida de su padre ha estado en sus manos (recordemos que la salvó al donarle un riñón). También podemos aventurar una hipótesis: que, al menos simbólicamente, este padre, como padre, como Ley deja mucho que desear: es un padre muerto ¿En qué me apoyo para tomar semejante riesgo? Más arriba hablé de la prohibición como fundamental para la salida exogámica, para la búsqueda de partenaire fuera de la pareja, y voy a agregar algo: que la Ley debe funcionar tanto en un sentido como en otro: por una parte, el hijo entenderá que sus padres no pueden ser sus objetos sexuales... pero los padres, por su parte, deben entenderlo también. En este caso, su padre además cede la madre al hijo: No sólo no hace Ley prohibiendo que el muchacho tenga un hijo de su madre, sino que además la cede como devolución de favores. En este sentido, un progenitor que no funcione como Ley puede ser un papá, un viejo, un 'pa', pero como Padre (función Padre) está, al menos, muerto.
Entendamos que se trata de un nivel simbólico, inconsciente. No hablamos ni de la voluntad ni del pensamiento, sino de un nivel donde cierto acomodamiento de las cosas, de las personas y de las funciones pueden asimilarse a estructuras de niveles mucho más profundos. Digamos que hablamos de metáforas.
Es cierto también que es un joven de 31 años, no un niño de 3 a 6 . Y dada su orientación sexual definida (homosexualidad), podemos suponer que en la pubertad esta elección terminó de manifestarse. De sus prácticas sexuales no sabemos nada, por lo cual no podemos hablar de una sexualidad adulta o no, pero tampoco es el objetivo de esta nota. Esta situación es completamente actual, y está lejos de aquellos años donde lo actual era el tránsito por la fase fálica y el Complejo de Edipo. Eso fue hace tiempo. Pero también es cierto que esta situación y su posterior análisis (uno de los tantos posibles) nos puede estar dando una idea bastante cercana de cómo se configuraron en ese entonces niño las estructuras que darán lugar a lo que aquí comentamos. Quiero decir que a pesar de su actualidad, la situación hoy comentada bien podría tratarse de una fiel repetición de lo que ocurrió en aquellos años infantiles: el deseo sexual incestuoso, el padre muerto que evitando prohibir, cede su mujer a un hijo deseoso que a su vez quedará cautivo del deseo de su madre (tampoco es casual que sea homosexual, y qué, como su madre, desee a un hombre).
Como decía anteriormente, el joven no ha tenido relaciones con su madre para tener un hijo con ella (o al menos no tenemos noticia de ello)- de hecho, ha intervenido la ciencia-. El tampoco ha matado a su padre. Lo que sí podemos suponer es que a nivel inconsciente la profesía del oráculo está representada punto por punto: Por una parte su Padre en efecto, parece un muerto (por otra parte, quizás esté efectivamente muerto, ya que en las diversas fuentes que vi la noticia no se habla de él más que para recordar el transplante años antes) , mientras que a pesar de no haber tenido relaciones sexuales, con su madre, este joven está a pocos meses de tener efectivamente un hijo de(con) su madre. Y tal como le ocurriera a Edipo, de todo esto, él no se ha enterado.
Para no extenderme más me gustaría plantear una pregunta, sobre algo que ya dejé vislumbrar, pero que me permití dejar abierto.
En la noticia leemos que al principio Jorge se resistía a la propuesta, pero que su madre insistió hasta convencerlo. El extracto dice así:
"Un día me llamó mi mamá por teléfono y me dijo que acababa de ver un programa de televisión sobre madres sustitutas en donde los especialistas coincidían en que la mejor madre sustituta es la abuela (...) Mi mamá me decía: ´Piensa en el niño. Una madre sustituta lucha todo el tiempo por no quererlo porque lo va a dar, y yo no porque va a ser mi nieto, por favor´".
Entonces: ¿Qué lugar ocupa aquí el deseo de la madre?
Hasta la próxima.



Es muy poco serio por parte de un prfesional que ostenta un título de licenciado en psicología, intentar hacer un análisis de un grupo familiar con el que no ha interactuado, del cual solo posee la fragmentada información anecdótica ofrecida por los medios de comunicación.
ResponderSuprimirUsted se apoya en Freud, pero falta a sus preceptos y fundamentos.
Una crítica sincera que espero sea bienvenida.
Estimado/a Anónimo/a, todos los y críticas son más que bienvenidos, dado que en todo caso ayudan a crecer y aprender. Muchas gracias por comentar.
ResponderSuprimirPor otra parte, la "seriedad" es una categoría moral, un juicio de valor. Y si por la moral fuera, el psicoanálisis no debería de existir.
Le recomiendo afanosamente la lectura del Seminario VII de Jaques Lacan: "La ética en psicoanálisis".
Después de todo, el analista sólo se autoriza en sí mismo.
Muchas gracias nuevamente.
Saludos cordiales.
Hola, lei tu nota atentamente. Yo también soy psicóloga, no soy psicoanalista. Este cometario no lleva una elavoración profunda detras sino solo reflexiones.Además de psicóloga soy madre, hermana y algun día espero ser abuela.
ResponderSuprimirEntiendo que el complejo de edipo debe tener una resolusión lo más sana posible y la materializacion de un hijo con la madre no sería el caso. Pero pensando en estas nueva realidad, en las distintas posibilidades de concepíón , en la aceptación de la homosexualidad como parte legal de nuestra sociedad... Sinceramente no creo que sea negativo para los vínculo familiares que sea la abuela quien done su vientre. (por supuesta abria que avaluar las relaciones previas)Pensando en el bebe es amor que se suma , por todos lados y no se resta , como sería el caso de un vientre alquilado de una extraña. Mientras los límites de la nueva familia sean claros. Creo que son los desafios de esta nueva sociedad.
Un saludo!!!
Verónica
Muchísimas gracias Veronica por tu aporte.
ResponderSuprimirEste tipo de temas suelen despertar la polémica, dado que suelen chocar con las convenciones, las representaciones sociales, etc. En suma, con todo con lo que como sujetos insertos en una cultura determinada estamos acostumbrados a lidiar.
Por eso considero fundamental valorar todas las opiniones que aporten material y puntos de vista que abran el debate, y permitan preguntarnos por aquellas cosas que durante mucho tiempo se han dado por supuestas- correctas o incorrectas, eso no importa y depende de cada cual-.
Espero poder seguir leyendo tus aportes.
Saludos cordiales
Lic! yo soy estudiante de la carrera de psicologia y estoy en el ultimo año. Lei atentamente su articulo acerca de el complejo de Edipo y es tal cual como lo estuide en los primeros años de la carrera, es verdad que es un mito, pero ese mito se lo puede decodificar en la realidad de los niños que atraviesan el complejo de Edipo, siempre desde lo simbolico, pero tiene un sentido y una significacion cuando se analiza el inconsciente de los sujetos. Con respecto al caso del joven de 31 años, no creo apropiado que conciba un hijo con su propia madre, debe haber una separacion y diferenciacion entre madre e hijo,donde el sujeto logre la independencia y autonomia necesaria a traves de todo el desarrollo evolutivo para de esta forma lograr una identidad propia y sana.
ResponderSuprimirEstimada, gracias por tu aporte.
ResponderSuprimirEs importante recordar que estamos hipotetizando sobre el recorte de un caso, del cual no conocemos los pormenores, pero que sí nos sirve para graficar y bajar a la realidad cotidiana algunos conceptos teoricos que muchas veces, en el discurso común, resultan al menos confusos, y así son utilizados.
Es conveniente tener presente en todo momento que desde el lugar de analista "lo apropiado" debe medirse con la vara del sujeto que tenemos delante: es decir, lo que es apropiado o no para este sujeto, puede ser distinto en el caso de otro sujeto. Con esto me refiero a que en nuestro trabajo cotidiano nunca debemos olvidar que trabajamos con sujetos, no con personas; con inconscientes, no con personalidades. En este sentido, lo que nosotros consideremos o no apropiado puede nada tener que ver con la realidad psíquica de ese sujeto. Quizás a nivel simbólico, toda esta situación del muchacho mexicano venga a suplir algo, a resolver alguna cuestión o a darle una actualidad que la reavive y la mueva a una resolución distinta.
De todos modos, como decía, se trata de especulaciones teóricas, hipótesis que dan una mano para abordar cuestiones que sin una bajada material pueden tornarse muy confusas y extrañas.
Dicho esto, agradezco comentario como tu opinión personal al respecto.
Espero tenerte por acá más seguido.
Saludos!
Aquí el primer "Anónimo".
ResponderSuprimirSi el analista solo se autoriza en sí mismo, el Psicoanálisis y la Psicología no serían prácticas profesionales que se estudian con sustento académico.
Sino, entiendo que usted está de acuerdo con aquellos que (aún hoy) no las consideran prácticas médicas con bases científicas.
Pero dejemos eso de lado.
Yo relaciono superficialmente con la misma información anecdótica y fraccionada, esta situación con otras en las cuales las abuelas se han hecho cargo de sus nietos y los han criado casi como hijos propios, sea porque sus hijos estuvieran enfermos, ausentes o fueran muy menores para hacerse cargo de su paternidad. En ese caso donde la abuela pasa a ser una madre sustituta, también han operado factores del Complejo de Edipo y no considero que la neurosis de esos hijos-nietos haya sido muy distinta de todos los que hemos atravesado dicho Complejo. Es decir, no se han convertido en disfuncionales. Esta opinión por supuesto la doy hablando generalidades, como usted plantea desde su artículo.
Saludos.
Estimado Anónimo, vuelvo a agradecer su comentario, y ahora que contiene un aporte valorable para el debate, más aun.
ResponderSuprimirLo único que quisiera agregar es que esta situación de anecdótica no tiene nada, de hecho es bien compleja, y a pesar del recorte con el que contamos, deja tela para cortar. Se trata de intentar aplicar cuestiones teóricas sobre un recorte por demás particular.
Sobre los casos que usted comenta no puedo aventurar hipótesis alguna, dado que no tengo datos. Lo que sí quisiera aclarar, es que no se trata de pasar o no por dicho Conflicto (sobre todo si pensamos que Freud dice que es un momento Universal, por el que pasamos todos), sino que se trata de la singularidad del "cómo" lo transita cada cual.
Saludos, y muchas gracias nuevamente.
A eso apuntaba exactamente: todos transitamos el Complejo de Edipo y el "cómo" es lo que afecta a la neurosis; por ese motivo al dar mi ejemplo intentaba señalar que estos otros hijos-nietos no se han convertido en disfuncionales, aún a pesar de que en esos casos entre otros factores del Conflicto, también ha operado el deseo de la madre que usted refiere en su artículo.
ResponderSuprimirBien dice usted, con información fraccionada no se pueden aventurar hipótesis. Usted menciona la falta de datos para opinar sobre el ejemplo que le propuse, pero su artículo trata de un tema demasiado complejo sobre el cual también falta información para hacer un análisis objetivo. Es una situación casi desconocida, que no puede ser abordada desde el saber epistemológico, sino simplemente desde la doxa. A eso me refería en mi primer mensaje.
De todos modos, es interesante rescatar la explicación que usted ofrece aquí sobre el Complejo de Edipo.
Lo que pienso que trata de decirnos el doctor Víctor Spinelli es que el psicoanálisis trata la realidad desde el discurso del analista, y nunca desde los otros cuatro o tres discursos existentes en el discurso humano según la teoría de Lacan.
ResponderSuprimirLuego el analista intenta analizar y dar un lugar a lo que hay en la "mesa", esto es para mí el psicoanálisis y no una simple terapia de curación.
Un saludo cordial a ustedes un saludo.
Me parece interesante el tema,lo leí por curiosidad en realidad y me atrapó desde el princio hasta el ultimo comentario. Mi profesión es otra asi que no puedo aventurarme a comentar demasiado sobre psicoanalisis,terapia y demás. Un abrazo
ResponderSuprimirQuede atrapada desde el principio con el tema, sobre todo con el comentario de la nota. Ahora bien , no se si lei bien o usted hace referencia solamente al edipo de Freud?. Sies asi , como lo pensaria desde el edipo de Lacan, sobre las funciones, porque Lacan nos aclara que son funciones, la de la madre y el padre?
ResponderSuprimirEstimada Patricia, me alegra que el artículo la haya atrapado.
ResponderSuprimirEn efecto, la mayor parte del mismo es un acercamiento al Edipo freudiano... aunque no está de más decir que la visión lacaniana, es también la freudiana, aunque con la impronta característica de Lacan, que le gusta toquetear todo... por suerte, generalmente, logrando un resultado positivo.
En el artículo, no quise meterme demasiado con Lacan, dado que la complejidad de sus aportes podrían tornar el desarrollo un tanto "raros" si uno no está en el ámbito. De todas maneras, hice referencia a dos funciones, fundamentales en el Edipo bajo los ojos de Lacan: El-Nombre-del-Padre y el Deseo de la Madre, lo cual se sintetiza en lo que Lacan llamará Metáfora Paterna. En cuanto al Nombre-del-Padre, caractericé la función como la de un padre muerto, en el sentido metafórico de su incapacidad para poner coto al Deseo de la madre (al mejor estilo padre de Juanito). En cuanto a la madre, dejé me permití suponer un deseo voraz, que termina por engullir a ese pequeño niño, dado que, como acabo de sugerir, no existió quien se aventurase a poner un palo en la boca del cocodrilo devorador.
En el medio de este juego, tenemos al niño como falo, objeto del deseo de la madre (esta claro a esta altura que ese lugar no lo viene a ocupar su padre, así que no hablemos ni de privación, ni frustración, ni ipo prohibición alguna): De esta manera, falta aquella paradójica sanción, en la cual el padre exhorta al hijo a satisfacer su deseo sexual... pero por fuera del ámbito familiar: las consecuencias son visibles en el caso mismo, en el cual me permití suponer, por un lado sexuación una salida homosexual, derivada de la imposibilidad (dadas las cosas) de una identificación con su padre que ubicaría a su madre, y desde allí a las mujeres, como objeto sexual... por el otro lado, se trata de un caso extraño: dado que a nivel simbólico, en el caso, podemos ver como de alguna manera el objeto sigue siendo su madre, aunque quizás se registra más un deseo (de la madre) con el cual el muchacho no sabe que hacer (lo cual pensando lo anterior, es bastante lógico), quedando- una vez más- a disposición de esas fauces que devoran todo lo que tienen delante, sin que exista límite alguno.
Quisiera agregar algo:
ResponderSuprimirNombré a Juanito. No sé si tendrá presente lo que Lacan dice de Juanito, y del desencadenamiento de su Fobia: que con aquella erección, surgió un goce- inesperado- que lo inundó y con el cual el pequeño de 5 años no supo que hacer. Recordará también que la madre de este niño no tenía mucha prudencia al mostrarse desnuda, hacer sus necesidades básicas, etc., delante de él. Juanito, por su parte, desarrolló una fobia bastante peculiar, mediante la cual intentaba rectificar el lugar de su padre como figura de la Ley: castrador, privador del deseo de la madre, etc.
Son quizás otras maneras de ejemplificar aquí la misma estructura que supuse más arriba: Un deseo de la madre voraz, un padre (NDP) por demás endeble, y un niño que viene a ocupar el lugar de falo para la madre, con la consecuente inundación de goce sin coto.
Saludos!
Lacan habla de Los nombres del padre. La metafora paterna es un significante que viene en lugar de otro significante.
ResponderSuprimirCon respecto a juanito, Lacan aclara muy bien en el seminario de la transferencia que el objeto fobico se trata del falo, pero es un falo que adquiere el valor de todos los significantes. En el caso juanito, es la carencia y al mismo tiempo la presencia del padre. (seminario 8,pag 407).